Madrid tiene un problema bueno: cualquier noche de un martes hay tres conciertos a la vez y ninguno es el mismo tipo de plan. No es lo mismo un pabellón de doce mil personas que una sala donde el batería te da con la baqueta si te acercas mucho, y elegir mal es la diferencia entre una gran noche y una entrada tirada.
Esta es la guía por tamaños, con lo que hay programado ahora mismo en cada sitio según nuestra agenda.
Los pabellones: cuando el grupo ya no cabe en ningún sitio
El Movistar Arena —el antiguo Palacio de Deportes, unas doce mil personas— es el techo de lo que en España se considera «llegar»: es donde Víctor Manuel se sube al Coro Minero de Turón el 29 de noviembre y donde Alcalá Norte dará el concierto más grande de su carrera en febrero. Ahora mismo acumula dieciocho fechas en nuestra agenda, de Placebo a Fontaines D.C.
A su lado, el Palacio Vistalegre hace de plan B con menos aforo y peor sonido según a quién preguntes, y el Iberdrola Music de la Caja Mágica se ha quedado los estadios de verano y las residencias.
Las grandes de toda la vida: Riviera y But
La Riviera, a orillas del Manzanares, es la sala grande por excelencia: el sitio al que llega un grupo cuando su público ya no cabe en una sala mediana pero todavía no llena un pabellón. Es donde Puño Dragón agotaron entradas antes de tener disco. En octubre pasa por ahí Band of Horses.
La Sala But es, con diferencia, la más ocupada de Madrid: veintiuna fechas próximas en la agenda. Funciona a otro ritmo —conciertos, sesiones, pop urbano, metal, todo— y eso la convierte en la sala donde más fácil es encontrar plan sin haberlo planeado.
Las medianas, que es donde se decide todo
Aquí está el corazón del circuito, y por eso este bloque es el que más conviene conocer:
- Sala El Sol. Cuarenta años de historia, de la Movida hasta hoy, y desde este otoño también la casa de las sesiones de Ochoymedio, la noche de pop más terca de la ciudad.
- Galileo Galilei. Eclecticismo total, de cantautores a jazz, y en octubre estrena un ciclo de cinco noches gratis para emergentes. El 31 toca Santiago Auserón.
- Moby Dick Club. Rock e indie de guitarras, la que programa a las bandas internacionales de culto que pasan por la ciudad.
- Sala Copérnico. Mediana clásica del norte de la ciudad, de las que aguantan carteles de rock potente.
- Clamores. Nació como club de jazz y sigue siéndolo, con una programación diaria que casi ninguna otra sala mantiene.

Las pequeñas: donde tocan los que llenarán el Arena en 2032
Salas de aforo corto, entrada barata y grupos que todavía no ha fichado nadie: Wurlitzer Ballroom, Siroco, Café La Palma, Independance Club, Fun House, Sala Vesta, Wagon o Dime que me quieres. No hay servicio de guardarropa ni falta que hace.
Es el tramo que más sufre —alquileres, licencias, horarios— y a la vez el único sitio donde se puede ver a alguien antes de que se ponga caro. Este otoño, además, las noches de Río Babel se reparten por catorce salas de la ciudad, así que el circuito pequeño se llena de nombres que normalmente no pasarían por ahí.
Cómo elegir sin equivocarte
- ¿Primera vez que los ves? Sala mediana. En un pabellón vas a ver una pantalla.
- ¿Plan improvisado un jueves? Sala But o el circuito pequeño: casi siempre hay algo y casi siempre queda entrada.
- ¿Presupuesto corto? Los ciclos gratuitos y las salas pequeñas. Un concierto de sala pequeña cuesta lo que dos cañas.
- ¿Grupo internacional grande? Compra en preventa el día uno: en Madrid vuelan.
Todo lo que hay programado, sala por sala y día por día, está en nuestra agenda de conciertos. Y si organizas en una sala que no aparece, escríbenos.
