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Gara Durán y Barry B encuentran su refugio en «Una casa en el Teide»

Hay parejas que cantan el amor desde la épica y parejas que lo cantan desde la casa. Gara Durán y Barry B llevan ya tiempo demostrando que pertenecen al segundo grupo, y «Una casa en el Teide», su nuevo tema juntos, es la confirmación definitiva: cuando estos dos se ponen a escribir sobre quererse, el resultado no suena a canción de amor al uso. Suena a refugio.

25 jun 2026Por Malditos Músicos

Hay parejas que cantan el amor desde la épica y parejas que lo cantan desde la casa. Gara Durán y Barry B llevan ya tiempo demostrando que pertenecen al segundo grupo, y «Una casa en el Teide», su nuevo tema juntos, es la confirmación definitiva: cuando estos dos se ponen a escribir sobre quererse, el resultado no suena a canción de amor al uso. Suena a refugio.

El tema, publicado hace pocos días, es el tercer adelanto del esperado álbum debut de Gara Durán, y llega después de dos cartas de presentación que ya habían dejado claro de qué pasta está hecha esta artista: «Mi loco cowboy», el pop con aire country que se hizo viral en redes, y «Placer de vivir», su colaboración con Natalia Lacunza. Con «Una casa en el Teide», Gara vuelve a demostrar algo que ya sospechábamos: tiene una facilidad pasmosa para escribir estribillos que se instalan en la cabeza y no piden permiso para quedarse.

De qué habla la canción

El título no es una imagen poética elegida al azar. La familia materna de Gara es de Tenerife, así que la referencia al Teide conecta directamente con sus raíces. A partir de ahí, la canción construye una idea sencilla y universal: la de encontrar en el amor un lugar seguro, lejos del ruido, desde el que mirar el mundo con otra perspectiva. Una casa, real o imaginaria, donde los problemas pierden peso, al menos durante un rato.

Hay un contexto generacional que atraviesa la canción y que merece subrayarse: para una generación a la que el sueño de tener una vivienda propia le queda cada vez más lejos, convertir el amor en esa casa —en ese refugio que el mercado inmobiliario no puede ofrecer— tiene una lectura que va más allá del romanticismo de manual. «Una casa en el Teide» habla de comprar con sentimientos lo que con dinero ya no se puede.

Musicalmente, el tema arranca desde una melodía delicada, casi de cajita de música, y desde ahí construye una producción suave que nunca grita, dejando que el peso emocional caiga sobre la melodía y la interpretación. Hay guiños al folclore canario que actualizan esa herencia dentro de un pop contemporáneo y cuidado, en la línea de lo que Gara Durán lleva construyendo desde que arrancó esta nueva etapa.

Gara y Barry: la colaboración que ya tiene historia propia

Lo de Gara Durán y Barry B no es una colaboración puntual con fines promocionales. Es una historia que ya tiene recorrido, tanto musical como personal: la pareja, que lleva años juntos, ha ido construyendo canciones que forman parte del repertorio compartido de ambos. La más conocida hasta ahora era «El lago de mi pena», incluida en Chato (2024), el álbum debut de Barry B, y que pese a sonar como una de las baladas más tiernas del disco escondía un origen mucho más doloroso: estaba inspirada en el fallecimiento de uno de los amigos más cercanos de la pareja.

Esa es precisamente la singularidad de lo que hacen juntos: canciones que el público recibe como historias de amor y que, debajo, esconden capas más complejas. Cuando Gara y Barry cantan en directo —algo que ya es tradición en los conciertos de ambos, con el otro subiendo al escenario como invitado— el momento se convierte en uno de los más comentados del show, precisamente por esa mezcla de ternura genuina y la sensación de estar viendo algo real, no una estrategia de marketing con dos nombres conocidos.

«Una casa en el Teide» cambia el registro respecto a «El lago de mi pena»: es más luminosa, más directamente romántica, sin el trasfondo de pérdida del tema anterior. Es la otra cara de la misma moneda. Si aquella hablaba del dolor compartido, esta habla de la construcción de algo nuevo a partir de ese mismo vínculo.

Dos carreras que se están consolidando a la vez

Barry B —Gabriel, de Aranda de Duero— se ha convertido en uno de los nombres más relevantes del nuevo pop/rock español desde la publicación de Chato, su álbum debut con Universal, con temas como «Joga Bonito» o su colaboración con Carolina Durante en «Yo pensaba que me había tocado Dios». Su capacidad de mezclar el lirismo y la épica con sonido pop, rock y ritmos urbanos lo ha situado como una de las voces más reconocibles de su generación.

Gara Durán, por su parte, está en uno de los momentos más especiales de su carrera. Mientras prepara su disco debut, previsto para este año, sigue subiéndose a algunos de los escenarios más importantes del país: Primavera Sound, Noches del Botánico, Sonorama Day, Cooltural Fest. Tres adelantos —«Mi loco cowboy», «Placer de vivir» y ahora «Una casa en el Teide»— han bastado para confirmar que su nombre va a ser una referencia del pop español de los próximos años.

«Una casa en el Teide» funciona en dos niveles: como canción de amor sencilla y luminosa, y como retrato generacional de lo que significa buscar estabilidad cuando las certezas de toda la vida —tener una casa, tener un futuro claro— ya no se dan por garantizadas. Gara Durán vuelve a demostrar su talento para los estribillos que se quedan, y Barry B encaja con la naturalidad de quien ya ha hecho esto antes y sabe exactamente cómo sumar sin imponerse.

No es la colaboración más arriesgada del año, pero es de las más honestas. Y en un panorama donde tantos feats huelen a cálculo, eso ya es, de por sí, una pequeña rareza que merece la pena celebrar.

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