Barcelona vuelve a cantar con El Último de la Fila

Hay conciertos que empiezan cuando se apagan las luces. Y luego están los de El Último de la Fila, que empiezan mucho antes: en el metro camino de Montjuïc, en las camisetas rescatadas del fondo del armario, en las conversaciones de “yo los vi en tal año” y en ese gesto tan humano de mirar alrededor y comprobar que, efectivamente, nadie ha venido solo a escuchar canciones. Aquí se venía a recuperar un trozo de vida.

Este jueves 7 de mayo, Manolo García y Quimi Portet cerraron su segunda noche barcelonesa en el Estadi Olímpic Lluís Companys, después del primer concierto del domingo 3 de mayo, marcado por la lluvia y por una emoción que ni el chubasquero más digno podía disimular. La web oficial de la banda ya marca las dos fechas de Barcelona como eventos celebrados, y la gira 2026 sigue ahora su ruta por Roquetas de Mar, Madrid, Bilbao, Santiago de Compostela, Avilés, Sevilla y Valencia.

Lo de Barcelona, sin embargo, tenía algo especial. Porque El Último de la Fila nació aquí, porque sus canciones forman parte de la educación sentimental de varias generaciones y porque volver a llenar Montjuïc casi tres décadas después de su separación como grupo no es precisamente una maniobra menor. Eso no lo hace cualquiera. Ni aunque tenga algoritmo, nostalgia y community manager con ganas.

Manolo García y Quimi Portet: nostalgia sí, museo no

La palabra nostalgia aparece sola cuando se habla de esta gira. Es inevitable. Pero reducir lo vivido en Barcelona a un baño de recuerdos sería bastante injusto. Lo que ofrecieron Manolo García y Quimi Portet fue algo más interesante: una noche de memoria, sí, pero también de presente. Las canciones no sonaron como piezas protegidas por una vitrina, sino como material inflamable que todavía prende en cuanto alguien rasga el primer acorde.

En una entrevista previa en Cadena SER, Manolo García resumía el espíritu del regreso con una frase luminosa: durante un rato, todos juegan a volver a tener 25 años. Y eso fue exactamente lo que pasó en Montjuïc. El público, mayoritariamente de la generación que vivió el grupo en tiempo real, se dejó acompañar por hijos, sobrinos y nuevos oyentes que han llegado a El Último de la Fila por herencia familiar, playlists o arqueología doméstica de casete.

El resultado fue una mezcla deliciosa: gente que conoce cada verso de memoria, gente que lo ha aprendido por contagio y gente que quizá no sabe explicar por qué “Aviones plateados” le suena a algo vivido aunque no hubiera nacido cuando aquello empezó a sonar.

Un repertorio para cantar hasta perder la dignidad

El setlist de la gira 2026 está construido como una travesía por el cancionero de El Último de la Fila y sus alrededores. La noche volvió a mirar hacia Los Burros con “Huesos” y “Conflicto armado”, dos guiños de raíz que funcionan como declaración de principios: aquí no se trata solo de sacar los grandes éxitos al escaparate, sino de reconstruir el camino entero.

Después llegó el arsenal sentimental: “Querida Milagros”, “Mi patria en mis zapatos”, “Sin llaves”, “Aviones plateados”, “El loco de la calle”, “No me acostumbro”, “Dios de la lluvia”, “Soy un accidente”, “La piedra redonda”, “Mar antiguo”, “Canta por mí”, “Llanto de pasión”, “Lápiz y tinta” o “Sara”. Canciones que, puestas una detrás de otra, explican mejor que cualquier manual por qué este grupo sigue teniendo un lugar tan raro y tan propio en el pop rock español.

Y claro, el tramo final fue territorio de rendición colectiva. “Como un burro amarrado en la puerta del baile” e “Insurrección” volvieron a levantar al estadio como si alguien hubiera enchufado Montjuïc a una batería emocional de emergencia. Pocas canciones tienen esa capacidad de convertir a miles de personas en un solo coro desafinado, feliz y absolutamente invencible.

El cierre con “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, volvió a funcionar como despedida improbable y perfecta. Una ranchera al final de una noche de pop rock mediterráneo. Raro sobre el papel, lógico en el universo de Manolo y Quimi. Porque si algo ha tenido siempre El Último de la Fila es esa habilidad para que lo aparentemente torcido acabe sonando inevitable.

El humor también era parte del grupo

En una gira así, el peligro sería caer en la solemnidad. Pero El Último de la Fila nunca ha sido una banda solemne en el sentido marmóreo del término. Hay poesía, sí. Hay épica, también. Pero también hay absurdo, ironía, guiños surrealistas y ese punto de cachondeo que evita que la nostalgia se ponga chaqueta de pana con coderas.

Las crónicas del paso por Barcelona han destacado una puesta en escena relativamente sobria, pero salpicada de detalles marca de la casa: mensajes surrealistas en pantallas, imágenes inesperadas, humor doméstico y una manera muy suya de romper cualquier intento de grandilocuencia excesiva. Porque aquí se puede cantar con el corazón en la mano y, cinco minutos después, soltar una ocurrencia que parece salida de una sobremesa con amigos.

Ese equilibrio es parte del encanto. Manolo García sigue siendo un frontman de cercanía contagiosa, capaz de moverse entre la emoción, el gesto teatral y la broma sin que nada parezca impostado. Quimi Portet, más seco y lateral, mantiene ese magnetismo de quien parece mirar la fiesta desde una esquina, pero lleva media noche sosteniéndola con la guitarra.

Una banda con memoria y oficio

El regreso también funciona porque no se sostiene solo en dos nombres enormes. En el escenario, Manolo García y Quimi Portet están arropados por músicos con peso en la historia del grupo y en su entorno: nombres como Antonio Fidel y Ángel Celada, que refuerzan esa sensación de reunión de viejos compañeros de viaje más que de operación nostálgica diseñada en un despacho.

La banda suena compacta, con oficio y con la seguridad de quien sabe que no puede esconderse detrás de una producción mastodóntica. Las canciones son el centro. Y eso, en tiempos de pantallas gigantes capaces de distraerte hasta del bajista, tiene algo casi revolucionario.

No hace falta disfrazar el directo de acontecimiento futurista. Basta con tocar bien, dejar respirar los temas y confiar en un repertorio que lleva décadas demostrando que no se agota. Qué concepto tan antiguo y tan moderno a la vez: canciones buenas sonando fuerte.

Barcelona, deuda saldada

La doble cita de El Último de la Fila en Barcelona queda ya como uno de los grandes momentos musicales de 2026. La primera noche tuvo lluvia, épica y alrededor de 56.000 personas celebrando el regreso del grupo a casa. La segunda sirvió para cerrar el capítulo barcelonés con la sensación de que la banda no solo había vuelto: había saldado una deuda emocional con una ciudad que nunca terminó de soltar sus canciones.

Porque hay grupos que regresan y grupos que reaparecen. El Último de la Fila ha hecho algo más difícil: ha conseguido que su vuelta no parezca una visita guiada por el pasado, sino una fiesta compartida donde el tiempo se dobla un poco, hace una reverencia y deja que la gente cante.

“Insurrección” sigue sonando como una descarga. “Aviones plateados” sigue abriendo ventanas. “Querida Milagros” sigue oliendo a carretera sentimental. Y Manolo García y Quimi Portet siguen teniendo esa química rara, medio fraternal, medio extraterrestre, que hizo que sus canciones nunca sonaran del todo como las de nadie más.

Próximas fechas de El Último de la Fila en 2026

Después de Barcelona, la gira de El Último de la Fila 2026 continúa por varias ciudades españolas:

  • 16 de mayo: Roquetas de Mar, Estadio Municipal Antonio Peroles
  • 23 de mayo: Madrid, Riyadh Air Metropolitano
  • 30 de mayo y 5 de junio: Bilbao/Barakaldo, Bizkaia Arena BEC!
  • 13 de junio: Santiago de Compostela, Auditorio Monte do Gozo
  • 20 de junio: Avilés, exterior del Pabellón de la Magdalena
  • 27 de junio: Sevilla, Estadio de la Cartuja
  • 4 y 9 de julio: Valencia, Estadio Ciutat de València